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La espalda de Algo

La espalda de Algo


María Leguízamo                                                                                                                                                                          El Dorado (2018)

La ruina del hablaSpeech Shambles.jpg

William Contreras Alfonso

En el año 2012 María propone a la Real Academia de la lengua una palabra que aún no se encuentra en el diccionario. A falta de un término para nombrar lo que toma fuerza en su propia vulnerabilidad, lo usualmente menospreciado, María propone el concepto de “impoder”. Como la espina que hace doblegar a un león clavándose en su pata, el impoder es la capacidad que tiene algo de resistirse al opresor, a una fuerza mayor, por su naturaleza frágil y su capacidad de pasar desapercibido.

El impoder se presenta en situaciones de tensión y dominio entre las cosas, desde grandes eventos históricos hasta accidentes de apariencia anodina. Pensemos por ejemplo en alguien a quien la lengua se le ha quedado pegada a una supercie congelada: la imagen de un ser doblegado por su boca tiene mucho de fascinante, el cuerpo entero queda completamente atrapado por una pequeña fracción de tripa que al salir de las entrañas se funde con el exterior, y en el choque de temperaturas del calor interno con el frío ambiental se traban. La sangre sigue calentando la piel y el viento mantiene al hielo enfriándose, por lo que los dos objetos de temperaturas opuestas quedan plena y paradójicamente fundidos, como si un leño aún brasas se mantuviera cristalizado en la nieve.

En la obra de María son frecuentes este tipo de uniones entre extremos de un mismo espectro: Lo cálido engendrando lo frío, lo quebradizo sosteniendo lo contundente, la fuerza de un insecto contra la potencia de una máquina. En muchas de sus piezas ese puente de unión es el pelo humano, la parte fósil del cuerpo que usa como hilo de coser, como soga o como línea de grato. En trabajos más recientes el interés se ha trasladado a la lengua como apéndice conector, como músculo que intercede por lo que está dentro de la piel hacia el exterior del cuerpo. Sus dibujos excavados en papel que recuerdan la rugosidad de un órgano lingual parecen buscar al interior de la hoja una nueva manera de comprenderla táctilmente.

La lengua es el órgano del habla, pero en unión con otra superficie, como en el caso del hielo, su movimiento se entorpece y apenas logra balbucear. Gemidos, quejidos y vacilaciones que salen de la boca de homínidos, extranjeros, bebés y borrachos recuerdan a tiempos ancestrales cuando los idiomas aún se conformaban. Los conceptos quedaban a medio camino antes de ser creadas las palabras, y estas exhalaciones, ordenándose poco a poco y a fuerza de uso, terminaron convirtiéndose en normas, leyes, sustantivos y deficiones.

La naturaleza evocativa de lo impreciso recubre toda la exposición: el balbuceo que a duras penas logramos descifrar, la mancha, la ruina, la leña reducida a carbón que ahora es apenas una semblanza de sí misma. María busca plantear con su trabajo escultórico una postura y una voluntad de resistencia, pues si algo podemos valorar en lo indeterminado es su capacidad para rehuir del gobierno. Aquello que es difícil de nombrar y precisar, no se puede gobernar.