Por el pasillo y al fondo
Laura Sierra

Noviembre 13 de 2025 a febrero de 2026


Este proyecto invita a explorar la noción del tiempo, reflejado en los espacios que habitamos a través de los gestos más sutiles y materiales. El cuarto como una construcción mutua, un espacio latente que resguarda recuerdos, risas y miedos. Los muebles, cargados de afecto y experiencias, se convierten en testigos, donde las acciones más íntimas enuncian historias familiares, momentos efímeros y experiencias sensibles de amor y dolor vividas en mi casa, -y en muchas otras casas-.

Desarrollado en capítulos, de los cuales presento tres de los mismos sin orden específico, el proyecto evoca una memoria particular a través de distintos lenguajes plásticos y materiales, donde el espacio del cuarto se construye como un escenario de reflexión y encuentro.

Cada capítulo de Por el pasillo y al fondo, aborda la temporalidad de nuestra existencia y el vínculo que establecemos con los espacios y los objetos, permitiéndoles moldearnos, así como nosotros los moldeamos a ellos. El cuarto, en su esencia, construye, provoca e incita a reflexionar sobre las huellas que dejamos a nuestro paso desde una mirada nostálgica pero juguetona.

Cap. De lo pequeño a lo grande, de lo grande a lo pequeño: Un cuarto en un cajón. Una miniatura que encierra el miedo a la pérdida y la necesidad de preservar recuerdos a través de objetos fracturados. Este capítulo presenta una representación en pequeña escala del cuarto de mis abuelos, resguardado dentro de sí mismo junto con ellos. Sobre una mesa improvisada, se exhibe un frottage en carboncillo sin fijar de las baldosas beige que lo caracterizan. A su alrededor, muebles de madera vacíos, reparados más de una vez con silicona. Aquí, la escala no es solo una cuestión de tamaño, sino de tiempo y transformación; los recuerdos se expanden y contraen, manifestándose en distintas dimensiones.

Cap. Memoria tallada: un retrato familiar: ¿Qué ocurre entre un cuerpo y la casa que lo habita? Una columna ladeada que se extiende del piso al techo, evocando la curva que la escoliosis dejó en el cuerpo de mi abuelo: torcida y frágil. Su estructura se compone de vértebras de madera—módulos ensamblados con fragmentos de muebles de mi hogar—, cada una porosa, astillada, rota y pulida por el tiempo. En ellas, el desgaste de la madera se convierte en una metáfora de la vida humana: un ciclo inevitable de transformación, de árbol a mueble, de aserrín a polvo de hueso.

Cap. Entre sombras y fragmentos: Este capítulo se construye mediante el dibujo in situ con carbón vegetal sin fijar sobre la pared, evocando la silueta de aquel cuarto conocido y a partir de una interpretación del vacío. A través de la fragmentación y traducción de los muebles en líneas y sombras, se establece una conexión táctil y emotiva con el espacio. El acto de trazar los contornos de los objetos, de reconocer los espacios positivos y negativos, se convierte en una reconstrucción fragmentaria de la memoria. Aquí, la obra se activa con la interacción del espectador: sus manos curiosas alteran el dibujo, manchan la pared y enriquecen el relato, reafirmando que la memoria es un proceso en constante transformación.