Insumisión

Leonel Castañeda


El fracaso del plebiscito sobre los acuerdos de paz en Colombia constituye uno de los quiebres de la historia social y política más reciente del país. Sus reverberaciones se manifestaron en los estallidos sociales de 2019 y 2021, en un contexto agudizado por las difíciles circunstancias que atravesó el mundo ante una pandemia paralizadora. En lo más profundo de las fuerzas que se levantan impulsadas por el hastío y la inconformidad reposa el desgaste de las ficciones nacionales que maniobran entre lo local, lo global, e incluso lo ultraterrestre.

Una bandera de plomo en caída (Machina Anemica), ondeante y suspendida por una corriente de viento inexistente, es un síntoma del fracaso de la guerra, un comentario desolador sobre los mecanismos que pueden desembocar en la catástrofe y del resquebrajamiento de los acuerdos mínimos sobre los que, se supone, se deben soportar los proyectos nacionales que pretenden ser sostenibles. La contradicción se hace patente ante la imposibilidad fáctica del despliegue en ondas de placas de un metal tan pesado, tóxico y dañino, como maleable: el mismo material neutraliza el significado de las banderas y cuestiona el sentido identitario de los símbolos patrios. El gesto de su punta de lanza señalando al suelo se vincula con un movimiento global que pone en duda las estructuras verticales sobre las que se ha construido el mundo que transitamos.

En última instancia es un señalamiento a la desestructuración de las dinámicas bajo las cuales cada estado ha intentado prometer un desarrollo equitativo para quienes se resguardan en su identidad nacional. Sin importar los colores de la bandera, su tratamiento simbólico no demarca ninguna acogida general para acallar las voces que aclaman justicia, paz, equidad y sostenibilidad. La sustitución de la materialidad y la alteridad de su morfología ofrecen una perspectiva estática e indisoluble de los procesos sociales y políticos que el mundo ha presenciado, buscando una hegemonía que subyuga a todo aquel que intenta reafirmarse como miembro esencial del estado. 

La fuerza de la fantasía se intensifica cuando el monumento caído se enfrenta a una serie de composiciones que explotan la plasticidad y reproductibilidad del ícono. A partir de operaciones de recorte y pegado que corresponden a la disección de un símbolo en decadencia o de un cuerpo inerte, los collages desafían los límites espaciales y temporales de la escultura emplazada. El tránsito de la imagen que sugiere derrames, choques, desplomes y otras alteraciones puede asumirse como una proposición a participar en la posibilidad de construir nuevos referentes que rebasen los márgenes de lo establecido con la finalidad de advertir las demandas que ya no pueden ser ignoradas.