La indómita luz
Colectiva de artistas
Sala Anexo – Contenedor negro – Sala Secuencia
19 de julio – 06 de septiembre de 2025
“El sol no es como la luz. La luz lo ilumina todo, pero el sol solo donde está.”*
La luz es un fenómeno que configura la realidad. Su dualidad como onda y partícula permite entenderla como una entidad física compleja, capaz de ser manipulada y fijada en distintos medios, ampliando su presencia en la experiencia visual.
En su vínculo con el color, la luz no solo lo revela: lo define. El color no existe de forma absoluta, sino que surge de la interacción entre la luz, la materia, el medio de emisión o de impresión y nuestra percepción. Esta inestabilidad la convierte en materia expresiva y produce una paradoja persistente: la ilusión de poder reproducir el verdadero color o el color deseado. La luz moldea volúmenes, transforma atmósferas, revela texturas y construye narrativas y sensaciones visuales.
Los artistas reunidos en esta muestra trabajan con esta dimensión inestable y rica de la luz. La manipulan, la fragmentan, la convierten en instalación. En sus obras, lo visual se torna casi táctil, y lo intangible —como el color verdadero— se transforma en una experiencia sensible y fugaz.
*Rudolf Arnheim, Arte y percepción visual, Berkeley: University of California Press, 1974, p. 304.
Participan: Michel Cardená, Earl Reiback, Sergio Trujillo Dávila, Francisca Jiménez, Raúl Marroquín, Alejandra Parra, Flor María Bouho, Danny Lyon, Nicolás Gómez Echeverri, François Dolmetsch, William Wegman, Portfolio Colors (Bea Nettles, Robert Heinecken, Harry Holmes Smith, Betty Han, John Craig, James Henkel, Jim Henkel, Joe Ruther, Todd Walker, Darryl Curran, Eileen Cowin y Virgil Mirano), Araki Nobuyoshi y Andre Kertesz.







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Portafolio Colors
(Bea Nettles, Robert Heinecken, Harry Holmes Smith, Betty Han, John Craig, James Henkel, Jim Henkel, Joe Ruther, Todd Walker, Darryl Curran, Eileen Cowin y Virgil Mirano).
El color es un elemento que ha comprometido el desarrollo de la humanidad desde la incorporación de sus variantes tonales en aspectos como la cultura, el arte y los procesos industriales y tecnológicos.
Ha sido parte fundamental en la construcción de los parámetros visuales que vemos en fotografías, pantallas, lienzos y todas las imágenes que comprenden aquella realidad decidida a ser representada.
Es un elemento con una carga simbólica desde el cual es posible determinar las formas en que construimos un significado tanto personal como colectivo y es, asimismo, una forma de habitar la condicionalidad del ser visto y percibido.
Se ha convertido en la herramienta para explorar posibilidades técnicas con la idea de extraer una manifestación requerida en el mundo visual al que pertenecemos. En estas piezas es una revelación más de su cualidad espectral, pero a su vez es la presentación de un carácter subjetivo y simbólico con el que se amplía el lenguaje de la imagen.
Aquí el color actúa como una entidad que carga las figuras y, en la creación, su dimensión simbólica se articula a través de una reproducción técnica precisa. Este no es solamente un componente estético, sino un signo lleno de sentido que comunica realidades, identidades e historias.




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Flor María Bouhot
Archivo de la artista
En la vida de Flor María Bouhot, dos lugares fueron decisivos para su obra. El primero, Puerto Berrío, municipio a orillas del Magdalena, donde vivió su adolescencia y descubrió, según sus palabras, “todo el color”. El segundo, el barrio Guayaquil en Medellín, entonces epicentro de la marginalidad urbana.
Allí encontró a sus primeros protagonistas: prostitutas, travestis, homosexuales, gamines, coperas, amantes furtivos y toda suerte de “personajes peligrosos” a los que se acercó con timidez y que, desde una experiencia directa, con cariño los convirtió en el eje central de su pintura.
Con agudeza, Flor María nota una fuerza vital, un alma que trasciende la apariencia. A través de sus testimonios y vivencias, extrae una naturaleza poderosa, dándoles forma y espíritu. Así, transforma lo marginal en materia cercana, capturando no solo lo que ve, sino lo que obra en el corazón.




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Earl Reiback
Una coreografía de luces y colores: así podría definirse el trabajo del físico, inventor y artista estadounidense Earl Reiback. Sin embargo, más allá de lo puramente visual, estas cajas son un dispositivo en sí mismo para experimentar con la luz, o como él mismo lo definió: “pintar con la luz”.
Reflejos, figuras y diversas tonalidades cromáticas remiten, en cierta medida, a los elementos de la pintura. Entretejidos ahora desde el movimiento, generan una variedad de patrones abstractos e indeterminados, en los que la composición del espectro se convierte, para Reiback, en un material maleable, en una proyección de una sustancia elemental que, al manifestarse, ofrece posibilidades estéticas más amplias.
Estos elementos y su abstracción se reconfiguran desde dimensiones estilísticas distintas. Se trata de un ejercicio de “mezclar la luz”, en el que lo visible no se reduce a una experiencia meramente contemplativa. Gracias a la operatividad mecánica de la caja y sus componentes, se transforma en una vivencia inmersiva de un fenómeno que evoluciona en el tiempo, que no permanece constante, que surge de una transformación sistemática de sus cualidades físicas, y que rompe con la imagen estática para transmitir ritmos, armonías y narrativas.




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Auto-visual
Sergio Trujillo Dávila
En 1984 Sergio desarrolla una pieza audiovisual que titula Auto-visual usando la misma lógica de los proyectos en multimagen que elaboraba para instituciones culturales y empresas comerciales, estas piezas audiovisuales funcionaban con varios proyectores de diapositivas que Sergio programaba a partir de sintetizadores de audio. Para el Auto-visual el fotógrafo subvierte el carácter publicitario que imperaba en las piezas de multimagen y se ubica como protagonista de una historia onírica, que entrelaza miedos y deseos personales con situaciones familiares y escenas rudimentarias. Esta pieza opera como un cadáver exquisito que reúne imágenes hechas a lo largo de la década del setenta y sonidos extraídos de la radio, la música popular y narraciones infantiles. Las imágenes que componen el Auto-visual develan un Sergio performático que es fotógrafo y modelo a la vez.
La versión original del Auto-visual es un multiimagen programado para cuatro proyectores que se exhibió en funciones a puerta cerrada. Para la exposición ‘Sergio, la cámara y yo’ desarrollada en marzo de 2023, se procesó el material analogo y se editó una versión digital para ser proyectada en dos versiones: una a cuatro canales y una monocanal, siguiendo el guión original.






